Ocurrió ya hace
unos meses, en un modo realmente inesperado, al menos para mi.
Mis queridos
viejos, lamentablemente ya partieron.
Primero la gorda,
y como generalmente pasa, cuando menos lo esperábamos, cuando esperabamos la mejoria definitiva.
Luego, la partida
del gordo, en un punto era previsible. Toda una vida de lucha juntos, nos hacía
pensar, en el lugar más extremadamente lejano de nuestro deseo, que su enorme corazón, a pesar de ser fuerte y
poderoso, no resistiría mucho tiempo la ausencia de su gorda eterna.
Y así, también el
gordo partió. Y no creo que haya sido su salud el motivo de su “bajarse del
ring”, sino el más profundo deseo de su corazón.
El amor que
sentía por todos nosotros, sus hijos, era inconmensurable, inquebrantable;
nunca ninguna circunstancia o hecho, aun las realmente grave, modifico en nada su amor de padre; y siento que fue por
eso que decidió lo que decidió.
El gordo sintió
que ya estaba hecho, que ya era tiempo de estar nuevamente con la gorda. Fueron tan solo cuatro meses, para nosotros,
para él, fue la vida misma.
Aun no estábamos
repuestos de lo de la vieja, cuando tuvimos que pasar por lo del gordo; pero
bueno el sentido de su vida ya no estaba aquí en este mundo, y el tenia el
juramento eterno de estar junto a la gorda en las buenas y en las malas. Le
toco la mala y cumplió, como espartano que era.
Nos regalo cuatro
meses de yapa, como para acompañarnos en el dolor por la gorda. Férreo, estoico, enorme, nos ayudo a entender
la partida temprana de mama, luego, como todo un caballero, se hizo cargo de su
juramento y fue en su encuentro.
Seguro, que
también fue a decirle a la vieja, que nosotros estábamos bien, que nos habíamos
unido más y que estábamos apoyándonos como correspondía a la familia que ellos
habían forjado.
Porque estoy más
que seguro que la vieja estaría intranquila allí arriba sin noticias nuestras,
y sin poder saber que estábamos haciendo con nuestras vidas.
Ahora están
juntos, como siempre.
Chau gordita del
alma. Chau gordo querido. Los extraño mucho.